
Fue así como mi vida terminó, cuando en la noche las estrellas del frío firmamento se marcharon sin perdón y la luz de la oscuridad se escondió.
Un día antes la angustia te agobiaba, cada duro recuerdo, los tristes retratos que en mi alma guardaba y hasta la absurda mirada de mi verdugo se cansaban de la demora de mi adiós. Se está terminando la compasión que habitaba en mi corazón, se termina aquel sufrido don que en mí durmió… Ya no queda más alrededor, sólo este interminable dolor que poco a poco se hace más fuerte y dentro de mí doblega mi mente, sólo queda una falsa ilusión que de mí se alimentó; crecía tan lento que al abrir los ojos su hechizo me embriagó… y ahora envuelta en la penumbra de mi habitación se van muriendo mis inalcanzables sueños que alcoholizados de locura han perdido la razón.
Heme aquí perdida en la miseria de la humanidad, buscando solución a mi dolor, tratando de al fin la paz encontrar. Y es aquí donde la solitaria soledad me empuja a querer mi alma condenar, ni mis anhelos me podrán liberar…
Y en una tormentosa noche, levanto mi rostro destrozado por la ansiedad para darle el adiós al enfadado cielo que una vez con su nublado cuerpo del frío me cubrió. Arrastro sin fuerzas las cadenas que en mi suplicio me sumergirán y ahora mis ilusiones destruidas en este mar muerto sin perdón, nadarán.
¿Cómo puedes matar tus esperanzas si en único que las mantiene vivas eres tú?
Los helados grilletes me amarraban a una bola de acero que en el vientre del océano me harán descansar… Sigo arrastrándolos sin parar.
Y al llegar al borde lo único que quieres es no mirar atrás, sólo observas la enorme lápida que sobre ti dormirá.
"No tengas miedo"… Susurra el sonido del agua.
"No nos abandones" Gritan los recuerdos que tanto te aman.
Un minuto de silencio…
Temblando cierras los ojos
Arrepentimiento…
Culpa…
Dolor…
Desesperación…
Miedo…
El miedo así es como todo te lo dice…
Has decidido abandonar tu templo.
Estás cayendo, tan rápido, tan lento que piensas que puedes detener el tiempo. Al entrar a esta inmensidad no es tu peso sino el metal quien te está sumergiendo.
Al sentir su dolor, te arrepientes de haberte entregado a él, y buscando poder salir, desesperadamente mueves tus brazos, quieres romper las cadenas que no te dejan mover los pies y sólo has conseguido del océano rasgar su piel.
Ahora perteneces al espíritu del mar, eres parte de sus sueños y de sus pesadillas olvidando lo que fueron tus anhelos. Nadas en su espeso cuerpo, es tarde para volver a amar.
No podrás huir de este azul infierno sólo esconderte en las entrañas de lo que ahora es tu océano… no dormirás en este oscuro mar de remordimientos, seguirás esperando un suspiro de vida mientras respiras el agua densa que en el tiempo te tiene suspendida, la misma que sin compasión ha robado tu aliento para dejarte perdida.
Tus abandonados recuerdos te buscan desesperados y esperanzados a encontrar un soplo de vida en tu cuerpo, añoran verte perdido en los sueños que compartías en tu olvidada habitación, los sueños que regabas en tu espacio mientras los suaves latidos se iban deteniendo en tu corazón.
Tus misterios se derriban con esta eterna maldición, su escondite está en tu sentencia.
No podrás escapar de lo que ahora te mantiene con vida, durante la noche y el día tu presidio será este mar.
Ya sumergida en tu condena miras arrepentida hacia la superficie en busca de tu perdón y tus pies siguen atados a las grises cadenas que nunca dejarán aliviar tus penas. No puedes salir, ahora eres una prisionera.
† Helia †









